lunes, 27 de enero de 2014

Capítulo 50. Una terrible pesadilla.

Harry rodea la cintura de Andrea con sus manos. Apoya su barbilla en el hombro de ella. Sonríe. Un flash les deslumbra. A continuación Harry comienza a besar el cuello de Andrea, deslizando sus labios acariciando la erizada piel de ella. Andrea da media vuelta para quedarse de frente a él. Rodea su cuello con sus manos.

Andrea: Esa chaqueta te queda realmente bien

Harry sonríe. Vacila durante unos segundos.

Harry: A mi también me encanta, tienes buen gusto

Andrea sonríe perdiendo su mirada en el verde intenso de los ojos del chico que la sostiene. Por un momento puede ver a Irene reflejada en ellos. Aparta la vista llevándola a sus labios. Entonces una nueva sonrisa nada en su cara. Irene desaparece por completo cuando poco a poco Harry se acerca a ella y la besa. Los labios de ambos se mueven complacidos. Harry es bastante más alto que ella por lo que necesita ponerse un poco de puntillas, cosa que pronto se soluciona cuando Harry la impulsa, acercándola más a él, cogiéndola del culo. Anda haciendo que andrea retroceda de espaldas. El paso se detiene cuando ella da con una pared.

Harry: ¿Sabes? Tu blusa también es preciosa pero ahora mismo creo que te sobra todo lo que llevas encima

Andrea sonríe ansiosa de sus labios. Vuelve a besarle pero esta vez el beso es más corto ya que Harry pronto busca su cuello. Andrea gime. Harry lleva sus manos a su cintura. Agarra su camiseta tirando de ella hacia arriba. Andrea boquea sujetando el pelo de la nuca de Harry. El aire falta y el calor aumenta entre la pareja. El espacio en el probador es realmente reducido. Andrea abre las piernas lo máximo que sus ajustados vaqueros la permiten. Harry introduce su cuerpo entre ellas acercándose mucho más. Pronto la camiseta desaparece y la pasión toma un papel mucho más importante hasta que, con los pantalones de Harry por sus rodillas y los de Andrea tirados por el suelo, la pareja termina de unirse. Con él dentro de ella. Su piel arde, sus bocas se buscan ansiosas la una de la otra, el espejo empieza a empañarse y lo único que oye Irene son los gemidos de Andrea zumbando en sus oídos.

Se levanta sofocada en la cama. Con un grito como el que acaba de pegar habría despertado a todo el apartamento de haber estado ocupado. Irene intenta estabilizar y controlar el aire que entra en sus pulmones pero difícilmente lo consigue. Salta de la cama y corre al baño. Se lava la cara con el agua más fría posible. Cuando se la seca, el corazón no para de latirle en la cabeza. Va al salón y coge el teléfono. Mira el último mensaje que ha recibido. Es de su novio.

"Te veo mañana. Andrea estará sobre las 11:00. Intenta estar antes, quiero estar contigo un rato a solas."

Mira la hora en el móvil. Son las seis de la mañana. Resopla. Necesitaría a Alejandra a su lado ahora o a Louis. Desde que Carolina se fue, Belén se casó y Estefanía quedó reducida a un recuerdo, Louis se ha convertido en un apoyo muy importante. Belén. Cuenta las horas de diferencia que a penas son unas pocas. Debería estar durmiendo. Busca por la lista de mensajería del WhatsApp el teléfono de su amiga. Enarca las cejas cuando comprueba que no hace más de diez minutos que fue la última conexión de la misma. El móvil tiembla en su mano. "¿Y si...?" No se lo piensa un segundo más. Va ahora a la lista de contactos y busca a aquella chica con la que compartió toda su infancia y adolescencia. Espera unos toques pero es el buzón de voz quién contesta por ella.

"Hola -alargando mucho la "a" energéticamene- ¿Cómo estás? Yo ausente en este momento. Llama más tarde o... Bueno, si eres importante quizá llame yo."

Repite la misma frase en italiano, español e inglés. Irene domina a la perfección los tres idiomas aunque el italiano se perdió un poco de no practicarlo. Resopla. Anda por el pasillo de vuelta a su habitación arrastrando los pies, sin fuerzas, como si fuera un fantasma. Cuando llega a su habitación el móvil empieza a vibrar en su mano. Lo descuelga ansiosa al ver la foto de Belén en la pantalla.

Irene: ¡Belén!

Está apunto de llorar por la emoción de volver a escuchar la voz de su amiga. Sin embargo no es la voz de Belén la que contesta. La resulta familiar pero la dureza en la voz no es propia de Belén.

Chica: ¿Hola?

Irene: ¿Quién eres?

Chica: Soy Ginna, la mujer de Belén, ¿quién eres tú?

Irene: Ah... Hola Ginna... -la voz de Irene se apaga poco a poco- Soy Irene, una amiga de Belén, ¿te acuerdas de mi?

Ginna: Ah. Si. -no parece muy ilusionada con la noticia-

Irene: ¿Está Belén por ahí?

Ginna: No. Ahora no está, ¿crees que son horas para llamar?

Irene: Eh... Yo... Vi que se había conectado a WhatsApp y pensé que... Lo siento...

Ginna: Deberías pensar antes de molestar a estas horas, estábamos durmiendo

Un impulso repentino la hizo querer gritar para reprocharle que quién era ella para decirla lo que tenía que hacer. Quién era ella para coger el teléfono de Belén en lugar de la propia. Quién era ella para hablarle de ese modo. Sin embargo esos pensamientos quedaron en eso, pensamientos, ya que Irene se limitó a mantener un constante silencio.

Ginna: Tú. ¿Estás ahí?

Irene: Me llamo Irene. Tengo nombre y tú deberías saberlo. Sé que no fui de tu máximo agrado pero...

Ginna: No. No lo fuiste. Ni tú ni ninguna de tus cuatro estúpidas amiguitas. Además, si ya dejasteis atrás a Belén hace años no sé qué narices haces llamándola ahora

Irene se quedó perpleja. Pensaba que ella había sido la única que no le había caído bien a la peculiar italiana pero perece que había cambiado de idea.

Irene: Sólo quería saber cómo estaba, charlar un rato...

La impetuosidad y desparpajo que Irene solía mostrar normalmente habían desaparecido. Nunca la habían hablado así ni si quiera cuando era una niña fácil de asustar y ahora, Ginna, una chica a la que apenas conoce, con el papel que tenía en su vida, el haber hecho que una de sus mejores amigas se fuera de su lado, había aparecido llamándola en medio de la noche en lugar de Belén, echándola todas estas cosas en cara y haciéndola sentirse tan mal que podría romper a llorar como un bebé de un momento a otro.

Ginna: Ella no quiere hablar contigo ni con ninguna de vosotras

Irene: Eso quiero oírlo de su boca

Aquella chica había cruzado los límites. No podía creerse que Belén no quisiera tener nada que ver con ella, con Alejandra o con Estefanía. No quería creerlo.

Ginna: Ahora no la voy a despertar y dudo mucho que mañana tenga ganas de hablar contigo pero si al contárselo decide llamarte entonces hablará contigo

Irene: Eso espero

Ginna: Alah, que duermas bien españolita

"No te deseo lo mismo italianini" habría querido contestarla y de hecho lo hizo pero para cuando empezó a pronunciar palabra, la comunicación ya había acabado. Aprieta el móvil en su mano como si de un papel se tratase. Todo esto es demasiado raro. Ojalá y lo desea de verdad, mañana Belén la llame. Aunque sólo sean unos minutos, necesita una conversación con su amiga.

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