A noche llegaron muy tarde del concierto privado que dieron los chicos y después de la resaca que llevaban del día anterior fue una buena paliza. Encima, cuando llegaron a la habitación que ahora comparten con Belén empezaron las tres a ver películas y fotos, comiendo y sin parar de reír por lo que el cansancio se ha multiplicado, pero hoy Irene le ha prometido a su chico un día perfecto por la ciudad del amor y lo va a cumplir.
Coge del armario unos pantalones cortos blancos, una camiseta de tirantes negra que termina en flecos. Se pone unas sandalias negras y un colgante de plata largo que le regaló Harry hace unos meses y unas pulseras de plata también, sin olvidar el anillo negro de Harry que desde la despedida en la azotea no se ha quitado. Se pinta muy suave, resaltando su tono verde de los ojos un una raya negra por encima del párpado y los labios rojos para no variar. Se cepilla el pelo un par de veces para que quede completamente liso y coloca su gorro favorito en su cabeza.
Una vez lista sólo la queda coger un bolso. De entre todos se decide por uno pequeño, negro de ante con unos pocos flecos por la tapa. Se guiña un ojo ante el espejo al mirarse por última vez. Un beso en su mano para dárselo a Alejandra y un último vistazo a la habitación. No se ha dejado nada.
Cuando llega a la planta baja Harry la está esperando.
Se ha puesto sus vaqueros y zapatos preferidos, con una camisa azul marina de manga corta abierta con una camiseta básica blanca. El pelo colocado hacia atrás le da un estilo muy parecido al que llevaba en el 2013. Cuando la ve llegar pone su mano en el final de la espalda de ella, aproximándola para darle un beso.
Harry: Madame -ofreciéndole su brazo-
Irene ríe, hace una reverencia y se coge del brazo de su novio. Harry saca su móvil. Se ha propuesto hacer un álbum con fotos del día de hoy y lo va a hacer por Twitter. Si todo sale bien va a ser el día más feliz de su vida y quiere que eso quede para siempre y, ¿por qué no compartirlo con sus fans que siempre le han apoyado en todo? Si, todo parece perfecto. El único problema es Irene, no se puede enterar, todo tiene que ser una enorme sorpresa; cualquier hilo que se suelte de su elaborado plan podrá destrozar todo y lleva mucho tiempo planeando el día de hoy.
Harry: Mira que foto he encontrado -sacando el móvil-
Irene se inclina un poco encima de él para ver la pantalla pero, cuando le muestra el móvil, no es una foto lo que ve en él, sino a ella misma reflejada.
Irene: ¡Eso no es un foto!
Harry: Ups!
Harry ríe mucho cuando deja de grabar. Ya tiene una nueva cosa que subir, la trampa ha salido tal y como esperaba. La da un beso en la mejilla para intentar disminuir su enfado.
Irene: ¡Borra eso!
Harry: ¡No!
Irene: Harold Edward Styles Cox, borra ese maldito vídeo o te. O te.
Harry: Vaaaaaaaaa... -se echa un poco encima se ella- ¡No!
Rie y sale corriendo cuesta arriba. Irene tarda unos segundos en procesar lo que ha pasado y, para cuando quiere darse cuenta, Harry ya se encuentra a unos cuantos metros de distancia. Corre detrás de él y a pesar de costarla cuando le da alcance, salta encima de él y se agarra a su pecho, colgando de su espalda como si fuera un saco de patatas. Con un rápido giro de caderas Harry consigue dar la vuelta a Irene para tenerla de frente a él. Las piernas de ella se ajustan a los costados de él en alerta para no caer.
Harry: ¿Dónde ibas pequeña saltamontes?
Irene pone los ojos en blanco y resopla. Tras una carcajada de Harry la deja en el suelo y se aleja contoneándose.
Harry: Eh, vamos. -poniendo una mano sobre el hombro de ella-
Viendo que no se para, se planta delante de ella, alzándole la barbilla con su mano y dándole un inocente beso en los labios. La sonrisa de ella le hace desear más de esos. Después de unos cuantos más, Harry la abraza por la espalda haciéndola mirar a una pastelería que está justo enfrente de ellos.
Irene: ¿Chocolate? ¿Quieres hacerme engordar hasta que no quepa en los pantalones?
Harry: Mientras quepas entre mis brazos...
Harry le da un beso en la mejilla y tira de la mano de ella forzándola a entrar en la tienda. Una hora, unos cuernos de chocolate y unos cafés después, los dos salen de la tienda degustando los labios del otro.
Irene: Está bien, tú dirás, ¿a dónde vamos?
Harry: Pues podemos visitar La Catedral de Notre Dame, el Arco del Triunfo, el Panteón, la Basílica del Sagrado Corazón, Sainte Chapelle, el Palacio de Versalles, los Puentes de París, las Catacumbas, la Basílica de Saint-Denis, el Palacio Real de París, Conciergerie... -dice de carrerilla-
Irene: ¡Eh! Respira que quiero conservarte durante un tiempo.
Pasa su mano por el pelo de él moviéndole un poco.
Irene: Todo eso está muy bien pero... ¿Dónde te has dejado la Torre Eiffel?
Harry: ¿Eso es en París?
Los ojos de Irene se abren como platos, retrocede unos pasos. Harry ríe con gran alborozo al ver la reacción de su chica.
Harry: Que tonta eres, ¿cómo no voy a saber dónde está la Torre esa?
Irene: La Torre Eiffel, Harry.
Harry: Pues esa.
Irene: Conoces el Conciergerie y no la Torre Eiffel?
Harry: ¡Que si la conozco!
Irene: Ya, claro
Harry: Irene, de verdad.
Irene: Harry.
Resopla y pone los ojos en blanco. No quiso decir la Torre Eiffel porque va a ser el final de su recorrido y ahora su novia se piensa que es más tonto de por lo que ya le tomaba. ¡Perfecto!
Harry: Bueno, ¿pues vamos a los puentes primero?
Irene: ¿Qué tienen de especial los puentes?
Harry: Que cruzan ríos.
Irene: Harry... -enarcando una ceja-
La risa de Harry es incontrolable, sale como un torrente haciéndole incluso llorar pero Irene se mantiene impasible con sólo una pequeña sonrisa en sus labios.
Harry: Vale, vale. Ya paro pero reconoce que ha sido bueno.
Irene: ¡Ha sido malísimo!
Harry: Mis chistes nunca son malos
Ahora la mira con desdén, queriendo causar en ella una muestra de arrepentimiento cariñoso antes de empezar el día pero no consigue nada.
Irene: Si lo son.
Harry: Nada, absolutamente nada, viniendo de mi puede ser malo.
Irene enarca una ceja y se cruza de brazos.
Irene: Lo dejamos en un poco peor que bien sin llegar a ser bien malo, ¿te parece?
Harry: No tengo ni idea de lo que has dicho así que si, qué remedio.
Irene ríe y le recompensa con un nuevo beso tierno.
Durante todo el día viajan por toda la ciudad deteniéndose en Notre Dame, en el Palacio Real de París, en el Palacio de Versalles y la Basílica del Sagrado Corazón. Las fotos han sido predominantes en el día, miles de ellas recordarán momentos inolvidables como todos los que tiene la pareja pero esta vez esos recuerdos han sido compartidos con todo el mundo. Gente de todos los países del mundo comenta las fotos y las sube opinando y haciendo conjeturas sobre qué pasará y qué será tan importante para que Harry, que no suele ser una persona que tweetee sobre su vida personal, esté haciendo públicas todas éstas fotos de su novia, pillada en casi todas ellas de imprevisto.
A los pies del Arco de Triunfo la pareja se come unos sándwiches de helado.
Irene: Yo no sé qué tiene este monumento, después de ver la Puerta de Alcalá, esto se me queda como... No sé, me faltan arcos por todos lados. -moviendo las manos-
Harry ríe con un poco de helado todavía en la boca.
Harry: ¿Tienes que decir un comentario despectivo de cada monumento que veamos?
Irene: No. Bueno. Es que... Míralo, es...
Harry: Ahórratelo Irene
Irene pone puchero pero se la pasa pronto cuando vuelve a atacar a su helado.
Harry: Siento que no me he comportado como un buen francés hoy
Irene: Es que no eres francés, te tienes que comportar como un buen inglés, no como un francés -sin perder de vista el helado-
Harry: No me refiero a eso. Todo chico que lleva a su novia por París debe decirle una cosa bonita en cada sitio que visiten.
Irene alza las dos cejas mirando su cara de decepción. Es como si la hubieran pegado un puñetazo en el estómago en ese mismo momento, odia verlo así.
Irene: ¿De dónde te has sacado eso?
Harry: Tenía que ser especial.
Irene: Y lo ha sido. -coge el mentón de su chico para buscar sus ojos verdes, esos ojos en los que puede perderse por una eternidad- Vamos, Harry... Nosotros no somos de esos cursilones, no necesitamos esas tonterías.
Harry sonríe pronunciando esos hoyuelos por los que toda chica moriría al instante.
Irene: No necesitamos decirnos que nos queremos constantemente, tú y yo lo sabemos, ¿para qué repetirnos?
Sus manos están entrelazadas y los dedos de Irene acarician la áspera mano de él cubierta por un tatuaje en forma de cruz.
Harry: A veces si necesitamos escucharlo...
Irene: Si, siempre que así sea te lo diré. Te quiero, te amo, I love you, ti amo, amo-te, Je t'aime!
Con la emoción del momento Irene se echa encima de él, besándolo. Le besa mucho y muy fuerte con una gran sonrisa en los labios. Tumbados Irene encima de Harry, debajo del arco del triunfo, las manos de él viajan por las curvas de ella hasta pararse sobre su culo.
Harry: Yo sé decir "te quiero" de una forma distinta.
Irene: A ver qué vas a decir ahora.
La sonrisa de Harry se vuelve muy pícara, con sus hoyuelos más pronunciados que antes, pasa la lengua por su labio inferior.
Harry: Voulez-vous coucher avec moi?
A medida que va diciendo la frase la empuja más hacia él de abajo a arriba y, cuando la última palabra llega su boca toca con la de Irene dando lugar a una explosiva risa que muere en el suspiro de Harry.
***
Después del largo tiempo que se tomaron para recuperarse, han decidido ir, por último a la Torre Eiffel. Todo en el plan de Harry está saliendo según lo previsto, ahora solo queda que no se quede bloqueado allí arriba y, mirando desde abajo esa gran torre se está empezando a tener serias dudas sobre ello.
Irene: Te voy a echar una foto pero esta vez vas a hacerlo bien.
Harry ríe y se pone con una mano detrás de la espalda y con la otra en el aire tratando de que parezca que está sujetando la Torre Eiffel, con las gafas puestas y una gran sonrisa. Irene echa la foto con su móvil por lo que puede ajustar los pequeños centímetros que Harry se ha desviado. Luego, al Harry dar su aprobación, Irene la sube a Twitter con un pie de foto "He finally made it" ("Por fin lo ha conseguido") y, sin saberlo, entra en el juego que Harry llevaba todo el día haciendo. No podía haber salido mejor ni a pedir de boca.
Las siguientes fotos que se echan son en pareja y, por suerte, no tardan mucho en encontrar alguien que parezca que les da confianza para prestarle el móvil y pedirle que les eche un par de fotos.
Harry: Coja todo por favor, desde nuestros pies hasta el pico de la torre.
El hombre, con una boina más de pueblo extremeño que de parisino, alza las cejas por encima de sus gafas de sol y luego se vuelve a centrar en la pantalla del móvil. En esa primera foto Harry coge con su mano izquierda la cintura de Irene y la acerca hacia él dejando sus frentes y narices juntas. La foto es preciosa pero lo más bonito son las sonrisas que se regalan el uno al otro y no hay nada que ninguno de los dos pueda decir en contra. A ambos les encanta.
La segunda foto es algo más divertida. Con Irene encima de la espalda de Harry, haciendo muecas, una foto más típica de ellos. La foto es compartida en Internet desde el mismo momento en que Harry coge el teléfono con un "This is the loveliest thing I've ever seen! (The Torre Eiffel is also cute)" ("Es la cosa más adorable que he visto nunca (la Torre Eiffel también es bonita)") enmarcando una de las mejores fotos de todo el día.
Harry: ¿Subimos? -señalando al último piso de la torre-
Irene asiente y le besa en la mejilla.
Desde lo más alto de la torre más famosa de Francia se ve toda ella en su esplendor y con el sol poniéndose Irene no recuerda haber visto una imagen más bonita antes. No puede pedir nada mejor. Está ella, en la Torre Eiffel, con su novio, el mejor novio del mundo entero, agarrándola por detrás, viendo una puesta de sol y con París a sus pies. Cualquier chica con un poco de sentido común desearía estar en su lugar y se siente muy afortunada por ello.
Harry: Te quiero.
El beso en el cuello que él la da la estremece de un modo excesivo recorriendo todo su cuerpo para erizar su piel.
Irene: Este día ha sido una locura. -se gira para mirarle a los ojos-
Harry: Ya te lo dije, siempre había querido hacer una locura por amor.
Irene sonríe y le besa.
Irene: Y yo te dije que por ti haría cualquier locura.
El corazón de Harry late con tanta fuerza como sólo lo había hecho una vez antes. Desde aquel día en el que hizo estallar fuegos artificiales para declararle su amor a la única chica de la que se había enamorado, no había vuelto a sentir ese cosquilleo que le atrapaba desde los dedos de los pies hasta la última de sus pestañas. Lleva mucho tiempo pensando cómo hacer lo que quiere hacer y tiene que ir con cuidado, no puede estropear todo ahora, el momento es demasiado mágico, demasiado idílico para hacer una de sus tonterías ahora y fastidiarlo todo.
Harry: Quiero hacer una locura Irene, una locura de verdad. Una de esas que la gente piense que me he vuelto loco del todo, loco sin solución.
Esboza una preciosa sonrisa y, antes de que Irene pueda decir nada, él sigue hablando.
Harry: Lo que ellos no saben es que ya estoy loco, loco por ti. Tú me vuelves loco. Me vuelves loco cuando me miras, cuando sonríes y cuando hablas conmigo, me vuelves loco cuando me besas, cuando me tocas y cuando me desnudas. Me vuelves loco con ropa de invierno, de verano y por su puesto, sin ella. -ríe sutilmente- Me vuelves loco en Inglaterra, en España y, ¿por qué no? En París. Me vuelves loco tú en definitiva, todo lo que haces, y cómo me haces sentir. Has puesto mi vida patas arriba convirtiéndola en el mejor sueño que jamás podría haber imaginado, me has vuelto loco de amor, de algo que ni tú ni yo sabemos muy bien ni lo que significa ni lo que conlleva pero no me importa. No me importa lo que los demás digan que tiene que tener el amor porque para mi el amor, si no te tiene a ti, no es amor.
Los ojos de Irene chispean vidriosos, no puede hablar, ninguna palabra es adecuada para este momento y Harry lo agradece porque lo más importante todavía no ha llegado. Traga saliva y lanza una última sonrisa nerviosa antes de terminar con el discurso.
Harry: En fin, que como ya estoy loco he decidido hace una última locura. Entendería que no quisieras, entendería que me dijeras que no, lo entendería y no cambiaría nada, te lo juro pero... -agacha la cabeza tratando por todos los medios mantener sus pies quietos- Bueno, mi última locura es esta.
Del interior de su camisa saca la pequeña cajita que llevaba escondiendo todo el día con miedo a que se cayera y lo descubriera o a que se perdiera antes del gran momento. La mantiene en las manos, mostrando el anillo de oro que, en cuanto vio supo que debería estar en su mano, hasta que Irene reacciona para quitar la mano de su boca pero sin encontrar palabras justas para hablar.
La emoción que siente en este momento es indescriptible, su novio, Harry Styles, la está pidiendo con 22 años, que se case con él. Ella, Irene Castillo. No se lo puede creer. La alegría es inmensa, tanto que la paraliza hasta que por fin se obliga a apartar su mano de la boca que la impide moverse y entonces, con los ojos tan llenos de lágrimas que casi ni ve, empieza a saltar abrazada a Harry, llorando ya del todo repitiendo "Si, claro que si" de mil maneras distintas y entre mil berridos distintos.
Cuando consigue dejar de llorar de felicidad coge la cara de su novio entre sus manos y empieza a besarla por todas partes. El momento está envuelto de amor y felicidad pero todo se intensifica muchísimo más cuando, de una vez por todas, Harry coloca el anillo en el dedo anular de Irene.
Irene: ¡No me lo puedo creer! -grita abrazada a Harry-
Él no deja de reír, emocionado y sin palabras.
Irene: ¡Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo! Te amo más que a nada en este mundo.
Los labios de Irene recorren toda la cara de Harry, besándolo hasta en los ojos, colmándolos de amor, llenándolos de felicidad, viviendo juntos sus primeros minutos de prometidos.