viernes, 4 de abril de 2014

Capítulo 61. La madre de sus hijos.

Pensaba que no podía ver nada más precioso ni emocionante que a Carolina embarazada de sus dos hijos. Y no estaba equivocado.

 No hay nada más bonito que mirar a la chica de la que estás enamorado, sujetando su mano lo más ligero que puedes, tratando de no hacerla daño, susurrarla al oído que la quieres, que todo va a ir bien, que te sonría y tocar su tripa sabiendo que en unos pocos meses unas vidas que ellos habían concebido será lo que sostengan sus brazos. Pero cada vez que Liam piensa en Carolina de pronto todo deja de tener sentido. La luz se apaga y sólo están él y ella en aquella fría habitación con sus manos entrelazadas tan fuerte que desgarrarían, intentando que se quede con él como si la propia sujeción de sus manos fuera a arraigarla a la vida por unos segundos más, con un pitido que marca los latidos de su corazón como melodía acompañante, melodía que alguna vez deseó que cesara sin tener consciencia de lo que eso significaba, porque hasta que aquel pitido no dejó de sonar, Liam no supo del todo bien lo que significaba perder todo lo que quieres en la vida. Perder todo lo que le da sentido a tu felicidad. ¿Cómo alguien que te hace tan feliz puede hacer que llores tanto que pienses que podrías morir ahogado? Nunca había experimentado ese dolor que te lleva a un mundo que ni si quiera conoces, a un mundo en el que parece que todo es negro y lo único que quieres es llorar, donde tus gritos suenan tan flojo que parecieras sordo, donde no hay modo en el que nadie te ponga en pie porque todo lo que te hacía sonreír ahora ya no está. En las paredes de ese hospital ya queda dibujado para siempre, la ultima vez en la que él cogió su mano y con la misma sonrisa de tonto que se le quedó nada más verla, le susurró con el alma apagada y la cara enterrada en agua dulce "No te vayas, quédate conmigo. Nos quedan muchas cosas por vivir". Un impulso tan grande como el de querer matar a una persona le llevó a caer de rodillas y no querer despertar nunca más. Se culpó tantas veces de haberlo hecho mal, de no haberle dedicado demasiado tiempo, de pensar que lo tenia todo hecho y darse cuenta después de que nada era lo suficiente, nada para lo que ella se merecía. Cuando eres adolescente no piensas de verdad en la finitud de la vida. Crees que todavía queda mucho por llegar, ese tipo de cosas no me pasan a mi, dices y sin darte cuenta estás retando al tiempo que está por venir. Estás desechando momentos que ya no van a volver porque cada segundo que pasa es perdido, porque cada instante que pierdes peleando por tonterías es un instante que pierdes al lado de la persona que más feliz te ha hecho en toda tu vida. Pero de eso Liam no se dio cuenta hasta que Carolina murió.

Y sin embargo, ahí estaba él, mirando a Andrea como si fuera el último trasluz de la tarde que pronto se fuera a ir, esperando a que le pida ayuda para coger los cereales del armario más alto de su cocina, vestida con una sudadera y unos pantalones anchos. Andrea resopla y se deja caer sentándose en el suelo. Liam ríe.

Liam: ¿Ya te has cansado de hacer el tonto?

Andrea: No es justo, es que los tienes muy arriba

Liam: Andrea, te has subido a un taburete, a una silla y casi te subes a la encimera, ¿no has pensado que, a lo mejor, la bajita eres tú?

Andrea le dedica una mirada desafiante, él ríe y se pone de pie. Se acerca a ella, correteando en el último, tramo en lo que ella se pone de pie. Se agacha poniéndose en cuclillas para agarrar sus piernas y levantarse con ella sentada en sus hombros. Andrea grita asustada, se aferra a su cuello temblorosa por miedo a caer.

Liam: Que no pasa nada -riendo- ¿Vas a cogerlos o te bajo, que pesas mucho?

De modo repentino recibe un golpe en la nuca haciendo que abra mucho los ojos. Andrea ríe y extiende el brazo para coger la caja pero, de modo inesperado, las rodillas de Liam se doblan haciendo que toda la estabilidad de Andrea se desmorone por un momento. En seguida vuelve a la rigidez de su cuerpo entrenado para sujetar mucho más del peso de Andrea.

Andrea: ¡Imbécil que me tiras! -en español-

Liam: ¡Eh! Que de español sé muy poco pero eso lo he entendido a la perfección.

Andrea sonríe, alarga el brazo un poco más y por fin, del fondo del armario, coge la caja que tanto ansiaba. Cuando Liam la deja en el suelo, la agita como si fuera una cría para llevarse la desilusión de que sólo quedaban unos pocos. Liam no puede aguantar más la risa, se da la vuelta para irse de ahí tapándose la boca.

Andrea: ¡Capullo! ¡Me has hecho estar haciendo el tonto para nada!

Liam cae de costado riendo y ella se tira encima de él, sentándose en su estómago. Empieza a botar como si estuviera en una pelota para hacer pilates.

Liam: ¡Para! ¡Para! ¡Que me haces daño!

Liam se mueve rápido, escurriéndose de debajo de ella y haciéndola caer en el sofá con el cuerpo hundido en él y el mechones de pelo saliéndosele de la coleta floja que llevaba. Frunce los labios haciendo pedorretas al dejar salir, lentamente el aire para reirse.

Liam: Estás fatal

Andrea: Tenía hambre... -cruzándose de brazos-

Liam: Pues baja a comprar

Empieza a empujarla con los pies para echarla del sofá. Andrea se queja subiéndose otra vez encima de él.

Liam: ¡Quita! -alargando la "a"-

En el mismo instante en el que Andrea cae al suelo empujada por Liam, el móvil de éste empieza a sonar. Liam se levanta todavía con los ojos quijicosos de lágrimas por las risas. Va a su habitación y coge el móvil, sin mirar quién llamaba.

Liam: ¿Hola? -limpiando los restos de sus lágrimas-

Iris: ¡Hola! -emocionada-

Liam se muerde lleva la mano a la boca, sonriendo por el saludo de su amiga.

Liam: ¿Cómo estás?

Iris: Aburrida, ¿y tú?

Liam: Aquí haciendo un rato el tonto Andrea

Desde el pasillo, en calcetines resbalándose como si el suelo fuera una pista de patinaje, aparece Andrea. Liam sonríe, no la hace falta mucho maquillaje, ni el vestido más bonito. De hecho con un moño flojo y lo primero que ha cogido de la maleta, está más bonita que muchas de las veces que la ha visto.

Iris: Ah...

Liam: ¿Ya  has salido de trabajar?

Andrea frunce el ceño y mueve la cabeza a modo interrogativo. Liam vocaliza sin pronunciar palabra un "Iris" tan claro que, cuando Andrea lo ve relaja la cara sonriendo, hace ascender y descender sus cejas rápido, hace un corazón con sus manos y se va sin darle tiempo a ver como Liam levanta una ceja extrañado.

Iris: Si, estoy llegando a casa

Liam: ¿Quieres que vayamos para allá?

Iris: ¿En serio? Quiero decir, -carraspea un poco- ¿no tenéis cosas que hacer?

Liam ríe levemente.

Liam: Ya hicimos todo anoche

Iris: Ah... -no demasiado animada-

Liam abre mucho los ojos.

Liam: ¡No! ¡No pienses mal!

Iris: No... Si yo...

Liam: De verdad que no -agobiado por la situación-

Iris: Liam que no pasa...

Liam: Iris -la corta- Mrefería al trabajo. No pienses mal -serio-

Iris: Vale, vale -algo más animada, casi riendo-

Liam: ¿Entonces qué? ¿Vamos a recogerte o qué? -recuperando la sonrisa-

Iris: Vale, me cambio en lo que venís

Liam: Perfecto

Liam bloquea su teléfono y va al salón.

Andrea: ¿Qué? -desde el sofá, tumbada-

Liam: Vistete

Andrea: ¿Yo? ¿Para qué?

Liam: Vamos a buscar a Iris

Andrea: Ve tú, yo no quiero ir

Liam: Estás a mi cargo, tienes que venir -sentándose a su lado-

Andrea: No soy una niña, puedo quedarme sola, tranquilo

Liam: De eso nada, tienes que venir

Despacio, con cuidado, pone su mano en su cara, acariciándola. Andrea cierra los ojos sonriente, dejando que su piel se erice al paso de la mano de él.

Andrea: Venga anda, vete que vas a llegar tar...

Andrea no puede llegar a terminar la frase, Liam está sobre ella con sus labios apunto de rozarse. Andrea gira la cara rápidamente cerrando los ojos. Lentamente, ayudándose de sus brazos, Andrea se incorpora sentándose en el sofá. Liam, que está ojiplático y estático, no se mueve.

Andrea: ¿Liam, qué...?

Liam sisea. Sin mover la expresión de rigidez en su cara se levanta del sofá y sale del salón. Andrea se pone rápidamente de pie y va detrás de él.

Andrea: Liam -cogiéndole del brazo- ¿Qué querías...?

Liam: ¿No lo sabes? ¿Te tengo que explicar lo que quería hacer? -mirando su brazo- Te creía más lista

Andrea: Pero yo pensaba que te gustaba Iris, no yo

Liam: ¿Qué? ¿Iris? -Liam niega con la cabeza-

Andrea: ... ¿No? -casi en un susurro-

Liam: Es muy buena amiga mía, nada más

Andrea: Yo también soy tu amiga

Liam: Andrea, -ríe un poco- no estoy enamorado de ti, tranquila, hace mucho tiempo que no puedo dejar de pensar en una chica

Andrea: ¿Soy muy cotilla si te pregunto el nombre de la chica?

Liam: ¿Acabas de evitarme un beso y ahora te interesas en saber de quién estoy enamorado?

Andrea: Que no quiera besarte no quiere decir que no me interese por mi amigo -le guiña un ojo-

Liam ríe.

Liam: Anda, vístete que vamos a llegar tarde

Andrea: ¡Es verdad, Iris! -tapándose la boca-

Liam da media vuelta y entra en su habitación. Andrea le sigue y, apoyándose en el quicio de la puerta se deja caer para mirar como coje del armario, una camiseta.

Andrea: No me lo vas a decir, ¿verdad?

Liam sonríe extendiendo la camiseta en la cama.

Liam: Uno no olvida a la madre de sus hijos tan fácilmente

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