martes, 24 de junio de 2014

Capítulo 86. Better than words.

Hace unos 10 minutos que Niall se ha ido al concierto y le pediste que le dijera a tus amigas que te habías vuelto a dormir, cuando entraron en la habitación fingiste tan bien que ni te preguntaron. Ahora, gracias a las finas paredes que te rodean, no te es difícil escucha una conversación que está manteniendo Estefanía en la habitación de al lado. «Pero, ¿lo tienes todo?» dice. Entre cada frase solía haber como cuatro segundos hasta la siguiente intervención de Estefanía pero este fue un poco más largo. «Tenemos que hacerlo lo antes posible». Esa frase te descolocó un poco. La conversación que estaba teniendo no tenía ningún sentido y si hubieras podido encajar algunas palabras, eso las descuadraría por completo.

Como escarcha se queda tu piel cuando un frío gélido envuelve tu habitación. Por un interminable instante el miedo te sobrecogió pensando que Carolina pudiera estar mirándote desde el otro lado de la habitación pero, cuando giraste la cabeza la desolación te azotó más fuerte que el miedo lo había hecho. No estaba ahí, no había nadie. No había sino el eco de las últimas palabras de Estefanía antes de colgar. «...lo descubra». Te maldices a ti misma por haber estado distraída y no haber captado las primeras palabras de eso último.

La puerta te sorprende abriéndose de golpe. 

Irene: ¡Lo sabía!

Su mano derecha impacta contra tu pecho haciéndote caer de nuevo a la cama. Irene salta encima de ti colocando ambas piernas a los laterales de tu cintura. 

Irene: Eres una mentirosa, ¿pensaba que te ibas a librar de mi tan fácilmente?

Sus dedos empiezan a jugar con tus costillas haciéndote mil cosquillas y arrancándote rápidas lágrimas que se deslizan por tus mejillas como si fueran niños pequeños tirándose por toboganes. 

Irene: Eres una pequeña diabla. 

Alejandra: ¡Irene! ¡Para ya!

Irene se echa a un lado dejando que te sientes sobre la cama.

Irene: ¿Por qué las has hecho creer que estabas dormida?

Alejandra: No quería hablar con nadie

Irene: ¿Tampoco conmigo? -hace ascender sus cejas-

Alejandra: Nah, tampoco contigo -riéndote-

Irene: Claro, sólo quieres ver a Niall -indignada cruzándose de brazos-

Ríes.

Irene: Pues que sepas que Zayn se va a cabrear.

Agachas la cabeza. Irene te ha borrado la sonrisa de la cara. Arrepentida según termina de decir la frase, se da cuenta y se corrige.

Irene: No, no, no, ¡no! No quería decir eso, ya sabes, quería... Me refería a que como... Mierda.

Ríes un poco encogiéndote de hombros.

Alejandra: No lo arreglas Irene

Irene: Lo sé. Lo siento, ¿vale? -toca tu pierna-

Alejandra: ¿Qué es lo que sientes exactamente?

Irene: Pues... Ya sabes.

Alejandra: No puedes sentir nada porque tú no tienes la culpa de nada.

Irene: Tú tampoco Ale

Alejandra: Hombre, más culpa que tú tengo

Irene: Si es que no se puede estar tan buena tía

Una vez más te hace reír.

Irene: Venga, pongámonos serias.

Ambas unís vuestros labios para poner una expresión seria pero en cuanto una de las tuerce una tímida sonrisa empezáis a reír de nuevo.

Alejandra: Eres tonta

Irene: Me lo dice Alejandra Sanz, se acabó el mundo para mi, ya he visto todo lo posible

Ríes mucho tirándote encima de ella tomando la revancha de las cosquillas que te ha hecho antes. Tras unos minutos ambas quedáis tumbadas una al lado de la otra.

Alejandra: No me lo puedo creer

Irene gira la cara para mirarte.

Irene: ¿El qué?

Alejandra: Miles de chicas se morirían por estar con Zayn. Es un chico increíble joder, realmente increíble.

Irene se encoge de hombros.

Irene: Lo es.

Alejandra: Soy gilipollas, ¿verdad?

Irene: Sólo un poco.

Ríes pudiendo sentir tu tórax ascender y descender moviendo tu mano sobre él a su vez. Te incorporas para coger la tabaquera de la mesita de noche que tienes a lado de la cama, cruzas tus piernas como si fueras un indio y tras dos intentos fallidos, consigues encender el cigarro que se balancea en tus labios. Aspiras el aire llenando tus pulmones de la nicotina que hacía unos días que no probabas y que, para ser sincera, echabas de menos.

Irene: Ves, por esas cosas eres gilipollas.

Retiras el cigarrillo de tu boca con sensualidad y expulsas el humo de la misma manera cerca de Irene.

Irene: ¡IMBÉCIL!

Ríes y le das otra calada achinando los ojos. Abres la ventana para que no se condense el humo en la habitación.

Irene: ¿Qué opina Niall de que fumes?

Te encoges de hombros.

Irene: ¿Y Zayn?

Alejandra: A él le gusta. Se convirtió en una especie de "marca de identidad" para nosotros.

Irene: O sea que, cada vez que enciendes un cigarro, es como si estuvieras estrechando la mano con Zayn

Tuerces un poco la cabeza.

Alejandra: No exactamente.

Irene: Como si te lo tiraras

Abres mucho los ojos y expulsas el humo tosiendo sin parar.

Alejandra: ¿Un poco más sincera, por favor?

Irene: ¿Y qué piensa Niall de todo eso?

Alejandra: ¿No te quedó claro con el puñetazo de ayer?

Irene: Madre mía, se volvió loco.

Alejandra: Estaba cabreado -una calada más-

Irene: ¿Por qué lo hiciste y luego fuiste a contárselo? Cuando alguien le pone los cuernos a su pareja no se lo cuenta, se suele esperar a que lo descubra. -hizo una pequeña pausa en la que pudiste reconocer el dolor en sus palabras- Te lo digo por experiencia. -entre dientes-

Alejandra: Irene...

Irene: No importa. -se encoge de hombros-

Alejandra: Tienes que hablar con él

Irene: Lo he hecho y parece que lo hemos arreglado.

Alejandra: ¿Parece?

Se encoge de hombros una vez más y te quita el cigarro de la mano para darle una calada y devolvértelo. El aire toma un desvío por sus pulmones que la hace toser varias veces.

Irene: Me ha dicho que no pasó nada.

Como un espectro, Carolina pasa por tu mente fugazmente, esta vez de forma más borrosa, como queriendo recordarte qué es lo debido.

Alejandra: No lo hizo

Irene: ¿Y tú que sabes?

Alejandra: Me lo dijo Andrea

Enarca una ceja sorprendida.

Alejandra: Simplemente era una buena forma para mantenerte alejada de él.

Irene abre mucho la boca.

Irene: Un poco hija de... -se calla- tu amiga

Alejandra: Está enamorada de tu novio

Irene: MI novio -repite-

Alejandra: Enamorada -repites-

Irene: Muchas chicas lo están, es Harry Styles, ¿qué esperas? -dice sonriendo con los ojos cerrados y moviendo los hombros como lo hubiera hecho Harry en su situación-

Ríes mucho. Es algo que sin duda diría tu gran amigo y no se aleja de la realidad, es uno de los chicos más deseados del mundo desde sus 16 años, es normal que su modestia haya quedado aparte.

Irene: Bueno, pues lo siento por tu amiga pero es mío y punto.

Sonríes y le das la última calada al cigarro terminado por tirarlo por la ventana.

Alejandra: ¿Cómo sabes si estás enamorada? -miras fijamente a tu mejor amiga-

Irene frunce el ceño impactada por la extraña pregunta.

Irene: Depende de lo que tú conozcas por amor, Ale

Alejandra: ¿Qué se suele conocer por amor?

Irene: Tú lo sabes perfectamente.

Alejandra: Creía que lo sabía.

Irene: ¿Estás dudando de lo que sientes por Niall?

Te encoges de hombros.

Irene: ¿De verdad estás dudando por Zayn?

Alejandra: No quiero hacerle daño a ninguno de los dos.

Irene: Eso no es posible Ale

Alejandra: Es que juntos son el chico perfecto. Juntos son la dulzura y la pasión, el fuego y el hielo, las caricias y los besos, las risas y las miradas intensas, el invierno y el verano. Son polos opuestos que se complementan, como el tatuaje de Zayn del yin y el yang.

Irene: Pero se diferencian tanto que es imposible enamorarse de los dos a la vez. No tiene nada que ver lo que has pasado con uno y con otro, es rematadamente imposible. -desorientada-

Toqueteas tu pelo haciéndolo escurrir entre tus dedos como si pudieras encontrar en él una respuesta a lo que lleva meses rondando tu cabeza.

Irene: Ale... -hace una pausa para mirar por la ventana- El amor no se mide en besos, en risas ni en confidencias, lo sabes, ¿no? Todo eso son condimentos que se deben añadir, por supuesto, pero el amor es la velocidad a la que se aceleran tus pulsaciones cuando tu piel roza con la suya, el amor es el modo en el que tu corazón sonríe cuando tus ojos le ven sonreír, el amor es el modo en el que un silencio cubre cualquier palabra. Es difícil encontrarlo y cuando se encuentra muchas veces se deja ir por miedo a lo que pueda venir pero tú no deberías, no deberías dejarlo ir porque ya dejaste que huyera una vez. El amor son los cambios de ánimo que una persona puede producirte en cuestión de segundos, son todos los pactos que tal vez nunca fueran firmados, son declaraciones que cuesta entender pero que, una vez que toques la cintura de ese chico con rizos y te mire con el verde intenso de sus ojos sabrás que él es el correcto porque una vida con él no es suficiente, porque no utilizáis las típicas frases de "tumbaremos un ocho" si no que lucháis contra el infinito porque es demasiado poco tiempo para vosotros. Entonces, cuando con los ojos llenos de lágrimas te dice que nunca podría sustituirte porque no hay nada que le haga más feliz que tus dedos enlazados con los suyos, entonces es cuando te has dado cuenta de que te has enamorado. Has encontrado el amor cuando menos lo esperabas y ha llegado para romper con todas las expectativas propuestas en cuentos de princesas porque el amor es eso tan maravilloso que no puede ser definido con palabras sino con sentimientos.

Miras a tu amiga, admirándola porque sabes que para ella no es fácil. Siempre ha ido contra los estereotipos, contra las cursiladas y contra la mala costumbre que tienen los humanos de necesitar expresar y escuchar los sentimientos que tiene pero, como ella misma ha dicho, el amor no puede ser definido por palabras. Sus ojos están vidriosos, anhelando a su verdadero gran amor aunque hace apenas unos minutos que le ha dejado cantando, haciendo felices a miles de personas aunque nunca tan felices como la hace a ella cuando con la voz ronca de por las mañanas le dedica alguna frase acompañada de un beso en los labios.

No dices nada, la abrazas y ella te corresponde. Mejor que ninguna palabra es el calor de tu mejor amiga junto a ti sintiendo que no hay nada, nada que se iguale a un abrazo necesitado de cariño como es este.

Alejandra: Gracias.

Irene sonríe cerrando los ojos que por diferencia de peso hace caer una lágrima por su rostro que cala tu camiseta.

Irene: Ale...

Alejandra: Dime -sonriendo-

Irene: Ale no quiero que me odies.

Alejandra: Nunca podría...

Irene: No me odies, por favor. -te corta-

Alejandra: ¿Qué dices, Irene?

Irene: Tengo que contarte una cosa.

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