viernes, 25 de julio de 2014

Capítulo 102. Belén.

Su mirada no parecía suya hasta que no la abrazó Irene, en ese momento en el que las lágrimas empezaron a caer una tras otra sin detenimiento mojando la alfombra, en ese momento te diste cuenta de que habíais llegado demasiado tarde. Sus brazos, única parte de su piel al descubierto a parte de la cara eran una clara señal de por lo que había pasado. Tus labios titubeantes no te dejaron articular palabra por lo que le deciste el cayo a Irene quien estira sus brazos entre lágrimas.

Irene: ¿Qué te ha pasado?

Belén: Nada...

Belén no entiende nada. Mira a todos lados sin dar crédito de lo que está sucediendo, de pronto el salón de su casa se ha llenado con imágenes de su pasado.

Alejandra: Belén...

La abrazas. Los tremendos moratones de sus brazos no cuentan una bonita historia de amor si no una difícil historia que no tienes tiempo de escuchar, tienes que sacarla de allí cuanto antes. Coges su cara entre tus manos.

Alejandra: Vámonos Belén, vámonos ya -intentas esbozar una sonrisa bañada en lágrimas-

Belén: ¿A dónde? No podemos irnos.

Irene: Belén, hemos venido a por ti. No sé que coño te ha hecho esa tía pero no tienes que seguir soportándolo

Belén: No... -recoge unos mechones de su pelo detrás de su oreja- No me ha hecho nada

Alejandra: ¿Qué dices Belén? -coges su muñeca-

Belén quita su mano de la tuya y se la sujeta con fuerza tratando de ocultar lo que en la otra deja visible. Un nudo se aprieta en tu garganta cuando esas marcas te trasladan a una escena en la que Belén llenaba el lavabo de uno de los hoteles en los que estuvisteis de sangre.

Alejandra: ¡Joder Belén no entiendo nada!

Belén: Ella me quiere

Zayn: Vamos a tranquilizarnos. -se abre paso entre las tres y posa sus manos sobre los desnudos brazos de Belén- ¿Por qué nos llamaste? ¿Por qué esos mensajes? No parecía que estuvieses muy bien.

La sonrisa de Zayn trata de asemejarse a una de las más sinceras pero notas la tensión en sus labios crispados y el nerviosismo en su voz. Belén agacha la cabeza, derrotada.

Alejandra: Belén, ¿te pega?

El pelo enmarañado de Belén empieza a desenfocarse y ves más clara la imagen que os rodea. El aroma está cubierto de una nube de humo. Las cristaleras de la terraza están cubiertas por unas cortinas rojas hasta el suelo.

Irene: ¡Belén! ¡¿Te pegaba?! ¡¿Te pegaba esa zorra?!

Harry detiene la detiene antes de que coja de nuevo a Belén, movida por la ira. Llora muchísimo con un terrible sofocón. La has visto pocas veces así y no querías que se volviese a repetir pero, aunque no te ves desde fuera, no crees que tú estés mucho mejor. Buscas a Iris, quien está escondida tras Louis. Este te asiente y tú le devuelves el cabeceo.

Alejandra: Belén, escúchame. -No mueve ni un tendón- ¡BELÉN! -gritas-

Belén se asusta pero tú no tenías la más mínima intención de hacerlo. Alguien toca tu hombro pero no te giras.

Alejandra: Joder, nos hemos comido la cabeza todo este tiempo y nos ha sido muy difícil venir aquí, no puedes dejarnos así. Por lo menos dinos qué pasaba.

Belén traga saliva perdiendo el tiempo que no tenéis, cosa que te pone más nerviosa y acelera tu pierna más si cabe.

Belén: Ginna me quiere, -hace una pequeña pausa para clavar sus recuerdos en tu retina- es sólo que tiene una manera diferente de querer.

Irene: Si te quiere no te pega, ¿la hace sentirse mejor eso?

Belén: ¡No! ¡No me pega por entretenimiento!

Irene deja salir un sonido de horror.

Irene: ¡O sea que te pega!

Belén: Irene, ella está arrepentida

Alejandra: ¡¿Arrepentida?! ¡Debería cortarse las manos antes de volver a ponerte la mano encima!

Belén: ¡Es mi culpa! -reprocha con los ojos cerrados de dolor-

Irene: ¿Qué estás diciendo? -haciendo una pausa tras cada palabra-

Belén: Sé qué es lo que la pone nerviosa y a mi me cuesta controlarme

Alejandra: ¿Controlarte? ¡Belén por favor! No te dejabas controlar por tus padres y te dejas controlar por una, por una...

Belén: No me dejo... del todo -cada vez está más nerviosa-

Alejandra: No me puedo creer lo que estoy oyendo, ¿encima la defiendes?

Belén: No la defiendo es sólo que...

Iris: Belén.

Los ojos de Belén revelan la poca gracia que la hace que alguien más que no seáis vosotras dos haya entrado en la conversación.

Iris: Lo siento, no te conozco mucho.

Belén: No me conoces de nada.

Alejandra: Deberías sacar esa rabia tuya con Ginna y no con ella. Ella no te ha hecho nada.

Belén te mira desafiante.

Iris: No, tiene razón. No la conozco de nada. Pero no deberías dejar que nadie te sometiera, eso está penado por la ley.

Belén bufa y vuelve a dividir su atención entre Irene y tú.

Irene: No entiendo qué quieres

Belén: Quiero que me ayudéis.

Las comisuras de tus labios se relajan y consigues avanzar un paso hacia ella con la cabeza ligeramente ladeada.

Alejandra: Y nosotras queremos ayudarte, sólo tienes que venir con nosotros. Ginna no se enterará de nada.

Belén: No puedo dejar así como así Ale, no sabes cómo es. Estallará en ira y destrozará toda la casa, destrozará todo hasta que encuentre el modo de saber dónde estoy y traerme de vuelta.

Irene: Para entonces nosotros ya estaremos lejos de aquí y tendremos lo suficiente para hacer que Ginna no pueda volver a acercarse a ti.

Belén: No quiero dejarla sola, no quiero irme. Lo que quiero es que me ayudéis a hacerla entrar en razón.

El cuerpo de Irene empieza a irritarse de nuevo.

Irene: Si no has conseguido hacerla entrar en razón tú, ¿cómo pretendes que nos escuche a nosotros?

Belén: A lo mejor con vosotros... No sé. Tenía que probar.

Alejandra: Pues yo no voy a esperar a que venga y vuelva a ponerte la mano encima porque no lo hará, esa zorra no volverá a hacerlo.

Belén: Claro que no lo hará, delante vuestra no. Ella es mejor que eso. Castiga a quien se lo merece.

Irene: ¡¿Qué dices?! ¡Nadie se merece que le peguen, y menos su mujer!

Belén: Cuando acepté casarme con ella lo hice con sus virtudes y sus defectos, no puedo dejarla ahora aquí sola. ¡Se moriría! ¿Quién iba a hacerle la comida, plancharle, hacer la casa...?

Estiras tu cara con ambas manos. ¡No te lo puedes creer! La ha esclavizado y la ha metido en la cabeza todas esas mierdas sobre que ella tiene la culpa y que como es su mujer tiene que servirla en todo y complacerla.

Irene: ¡Pues que se las arregle ella misma! Es mayorcita, no tienes que limpiarla el culo cada vez que quiera cagar. ¡Por favor escúchate las sensateces que estás diciendo!

Belén: Es sólo una forma distinta de vivir, me he acostumbrado pero...

Alejandra: ¡¿TE HAS ACOSTUMBRADO A SUS PALIZAS?!

Belén: No he dicho eso es solo que...

Ginna: ¿Belén? ¿Tienes compañía?

Belén: Mierda.

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